¿Se cura la trocanteritis?
Sí, en la mayoría de los casos. Entre el 70 y el 90 % de los pacientes mejoran con tratamiento conservador bien planteado, sin necesidad de cirugía.
Lo que conviene saber es que no es rápido. Un tendón degenerado tarda semanas en adaptarse a la carga, y los plazos realistas se cuentan en meses, no en días. Las recaídas son frecuentes cuando se abandona el trabajo de fortalecimiento en cuanto desaparece el dolor, porque el dolor se va antes de que el tendón haya recuperado su capacidad.
Tratamiento de la trocanteritis, por fases
Primera fase: modificar la carga y fortalecer. Es la base del tratamiento y donde se resuelve la mayoría de los casos. Consiste en identificar y reducir los gestos que provocan el dolor, no en dejar de moverse, y en iniciar un programa progresivo de fortalecimiento glúteo, empezando por ejercicios isométricos y avanzando hacia trabajo excéntrico. La fisioterapia dirigida es determinante en esta fase.
Segunda fase: tratamiento intervencionista. Si tras varios meses el dolor persiste, se valoran las infiltraciones guiadas por ecografía. Los corticoides alivian de forma rápida pero su efecto tiende a ser transitorio y su uso repetido puede deteriorar el tendón, por lo que conviene reservarlos. Las terapias biológicas, y en concreto el plasma rico en plaquetas, son una alternativa orientada a estimular la reparación del tendón en lugar de solo apagar la inflamación.
Tercera fase: cirugía. Excepcional. Se plantea únicamente en casos rebeldes tras agotar el tratamiento conservador, y consiste en la extirpación de la bursa y la reparación del tendón cuando está roto. Es una situación poco habitual.
Ejercicios recomendados
El objetivo es aumentar la tolerancia del tendón a la carga, de forma gradual y sin provocar dolor. Un esquema habitual progresa así:
- Isométricos de abductores: empujar con la pierna contra una pared o una banda sin que haya movimiento, manteniendo la contracción varios segundos.
- Puente de glúteos, primero con las dos piernas y después con apoyo unipodal.
- Abducción de cadera tumbado de lado, con recorrido corto y controlado, evitando llevar la pierna por delante del cuerpo.
- Sentadilla parcial y trabajo de subida a escalón bajo, para integrar la fuerza en gestos funcionales.
- Marcha con banda elástica en fases avanzadas.
La pauta concreta —series, repeticiones y progresión— debe individualizarse. Una tabla genérica sacada de internet puede empeorar el cuadro si la carga no corresponde al momento de la lesión.
Ejercicios y posturas a evitar
Tan importante como qué hacer es qué dejar de hacer. Lo que más suele perpetuar el dolor:
- Dormir sobre el lado afectado. Si no hay alternativa, colocar una almohada entre las rodillas al dormir de lado sobre el lado sano.
- Cruzar las piernas al estar sentado y, en general, cualquier postura que lleve la pierna por delante de la línea media: comprime el tendón contra el hueso.
- Estiramientos agresivos de la banda iliotibial, del tipo llevar la pierna cruzada por delante para «estirar el costado». Son de los gestos más lesivos y de los más recomendados por error.
- Estar de pie apoyando el peso sobre una sola cadera.
- Caminar por terrenos con desnivel lateral, arcén inclinado o pistas peraltadas.
- Subir cuestas o escaleras de forma prolongada en fase aguda.
- Máquina de abductores en el gimnasio con cargas altas y recorridos amplios.
¿Es bueno caminar con trocanteritis?
Sí, y de hecho el reposo absoluto es contraproducente. Caminar en llano, a ritmo cómodo y con calzado adecuado mantiene la función y ayuda a la recuperación.
La regla práctica es sencilla: la actividad es adecuada si el dolor no aumenta durante la marcha y no empeora en las 24 horas siguientes. Si al día siguiente hay más dolor, la dosis fue excesiva y conviene reducir distancia o pendiente, no abandonar la caminata.
Trocanteritis y dolor lumbar: por qué se confunden
Es una asociación muy frecuente y funciona en los dos sentidos. Una alteración lumbar cambia el patrón de la marcha y sobrecarga los glúteos; y a la inversa, el dolor lateral de cadera modifica la forma de caminar y acaba generando molestias lumbares.
Además, una hernia discal a nivel L4-L5 puede irradiar dolor hacia la cara lateral del muslo y simular una trocanteritis. Diferenciarlas es clave, porque el tratamiento es distinto: en el dolor de origen lumbar la palpación del trocánter no reproduce el dolor y suelen aparecer síntomas neurológicos como hormigueo o pérdida de fuerza.
Trocanteritis y causas emocionales: qué dice la evidencia
Es una búsqueda habitual y merece una respuesta honesta: no existe evidencia de que la trocanteritis tenga un origen emocional. Es una lesión de sobrecarga mecánica del tendón, con factores de riesgo identificables y medibles.
Lo que sí está documentado es que el estrés sostenido y la falta de sueño aumentan la percepción del dolor y reducen la capacidad de recuperación de los tejidos. En ese sentido, un paciente con mala calidad de sueño —algo muy frecuente aquí, precisamente porque el dolor impide dormir de lado— puede percibir más dolor y tardar más en mejorar. Pero eso es un factor que modula el dolor, no la causa de la lesión. Atribuir el cuadro a una causa emocional retrasa el tratamiento que sí funciona.