Tendinitis rotuliana: dónde duele, ejercicios y tratamiento

La tendinitis rotuliana, o rodilla del saltador, es un dolor muy localizado justo debajo de la rótula que aparece al saltar, correr cuesta abajo o levantarse de una sentadilla. No es una inflamación, es una degeneración del tendón por sobrecarga, y eso cambia por completo el tratamiento: el reposo no la cura, el trabajo de fuerza sí.

Qué es la tendinitis rotuliana

El tendón rotuliano une la rótula con la tibia y es la última pieza por la que pasa toda la fuerza del cuádriceps. Cada vez que salta, frena o baja una escalera, ese tendón absorbe varias veces el peso del cuerpo. Cuando la carga supera durante semanas la capacidad del tendón de repararse, el tejido se desorganiza y empieza a doler.

El nombre está mal puesto y conviene saberlo, porque de ahí salen la mitad de los tratamientos que no funcionan. El sufijo «-itis» significa inflamación, pero las biopsias de estos tendones no muestran células inflamatorias: muestran fibras de colágeno desordenadas, vasos anómalos y un tendón engrosado. El término correcto es tendinopatía rotuliana. Por eso los antiinflamatorios calman el dolor unos días y no cambian nada de fondo, y por eso el reposo prolongado —que quita el estímulo que el tendón necesita para reorganizarse— acaba dejando el tendón más débil que al principio.

Se la conoce como rodilla del saltador porque es la lesión clásica del voleibol, el baloncesto y el atletismo de salto, aunque también aparece en corredores, en crossfit y en cualquiera que suba de golpe el volumen de entrenamiento.

Dónde duele exactamente

Este es el dato que mejor la distingue de todo lo demás. El dolor es puntual y se puede señalar con un dedo: está en el polo inferior de la rótula, en el punto donde el tendón se inserta en el hueso, y a veces algo más abajo, en el cuerpo del tendón. Si el paciente aprieta ahí con la rodilla estirada, duele; y si lo aprieta con la rodilla flexionada, duele menos, porque el tendón en tensión protege la inserción.

Cuando el dolor es difuso, «alrededor» o «detrás» de la rótula y cuesta localizarlo, no suele ser el tendón: es más probable una condromalacia rotuliana. Y si el dolor está por encima de la rótula, hablamos de tendinopatía del cuádriceps, que se trata igual pero se localiza en el otro extremo.

Síntomas y fases

La evolución es bastante característica y sirve para saber en qué punto está la lesión:

  • Fase 1. Dolor solo después de la actividad, que desaparece con el descanso. No limita el rendimiento.
  • Fase 2. Dolor al empezar a entrenar, que se va con el calentamiento y vuelve al terminar. Es la fase en la que casi todo el mundo sigue entrenando y en la que se debería intervenir.
  • Fase 3. Dolor durante toda la actividad, que ya condiciona el rendimiento y el gesto.
  • Fase 4. Dolor en la vida diaria: al bajar escaleras, al levantarse de una silla, al conducir. Aquí la recuperación es más larga.

Otros signos habituales: rigidez al levantarse por la mañana, molestia al estar mucho tiempo sentado, engrosamiento palpable del tendón y pérdida de fuerza al saltar con esa pierna. Lo que no es propio de esta lesión es que la rodilla se hinche de forma llamativa, que se bloquee o que falle en los giros.

Por qué aparece

  • Aumento brusco de la carga: más sesiones, más saltos, más cuestas o un cambio de superficie. Es la causa número uno, y muchas veces se puede fechar el día.
  • Déficit de fuerza excéntrica del cuádriceps y del sóleo, que son los frenos de la rodilla al aterrizar.
  • Poca movilidad de tobillo. Si el tobillo no flexiona, la rodilla y el tendón absorben lo que el tobillo no absorbe.
  • Isquiotibiales y cuádriceps acortados.
  • Técnica de aterrizaje deficiente, con la rodilla rígida o hacia dentro.
  • Recuperación insuficiente: el tendón se adapta en el descanso, no en el entrenamiento. Conviene revisar los síntomas del sobreentrenamiento.

Cómo se diagnostica

Es un diagnóstico clínico. La localización exacta del dolor, la palpación del polo inferior de la rótula y una sentadilla en declive a una pierna —que reproduce el dolor de forma muy fiable— suelen bastar. Se valora además la fuerza del cuádriceps, la flexión de tobillo y el gesto de aterrizaje.

La ecografía es la prueba de elección si hace falta imagen: muestra el engrosamiento del tendón y permite verlo en movimiento. La resonancia se reserva para casos que no evolucionan o cuando hay dudas con el cartílago. Un detalle importante: en un tendón doloroso las pruebas pueden verse casi normales, y en tendones sanos de deportistas se ven alteraciones sin dolor. La imagen acompaña, no manda.

¿Le encaja este patrón de dolor? Una valoración presencial permite confirmar el grado de artrosis, descartar que el dolor venga de otra estructura y plantear un tratamiento antes de que la limitación avance.

Tratamiento: la carga es la medicina

El tratamiento con más respaldo es el ejercicio de fuerza progresivo, y concretamente el trabajo lento y con carga alta. No es fisioterapia pasiva, no son ultrasonidos y no es reposo: es entrenar el tendón de forma controlada para que reorganice sus fibras.

El esquema habitual, que se adapta a cada paciente:

  • Isométricos al principio, cuando el dolor es alto: mantener la rodilla en tensión 45 segundos, cinco repeticiones. Tienen un efecto analgésico inmediato y permiten seguir entrenando.
  • Excéntricos en declive, la parte central del tratamiento: bajar despacio en una tabla inclinada, con progresión de carga semana a semana.
  • Fuerza lenta con carga alta (sentadilla, prensa) a tempo controlado, tres días por semana.
  • Trabajo de tobillo y de cadena posterior, para que el tendón deje de recibir carga que no le corresponde.
  • Reintroducción de la pliometría al final, y solo cuando la fuerza está recuperada.

La regla que uso con los pacientes: durante el ejercicio se acepta un dolor de hasta 3 sobre 10, que debe haber desaparecido a las 24 horas. Si al día siguiente la rodilla está peor, la carga era excesiva. Si no duele nada, probablemente la carga sea insuficiente.

Ejercicios: cuáles sí y cuáles no

Sí: sentadilla en declive a una pierna, sentadilla y prensa a tempo lento, extensión de rodilla con recorrido controlado, puente de glúteo, elevaciones de talón, trabajo de core y bici con resistencia moderada.

Que hay que retirar temporalmente mientras el dolor esté en fase 3 o 4:

  • Saltos, pliometría y multisaltos. Son el gesto que produjo la lesión.
  • Correr cuesta abajo y frenadas bruscas.
  • Sentadilla profunda con carga alta y zancadas profundas.
  • Estiramientos agresivos del cuádriceps en tensión máxima, que comprimen la inserción del tendón contra el hueso.
  • Deportes de cambio de dirección hasta recuperar la fuerza.

Ninguno está prohibido para siempre: todos vuelven, en orden y con progresión.

¿Sirve la cincha o la rodillera?

La cincha infrarrotuliana —esa banda estrecha que se coloca justo debajo de la rótula— reduce el dolor en bastantes pacientes mientras la llevan puesta, porque cambia el reparto de tensión en el tendón. Es útil para poder entrenar y para las competiciones, pero no es un tratamiento: no reorganiza el tendón ni sustituye el trabajo de fuerza. Usarla como única medida es la forma más habitual de cronificar la lesión.

Cuánto tarda en curarse

Menos de lo que la gente teme y más de lo que espera. Con un programa bien pautado, la mejoría del dolor empieza a notarse entre la tercera y la sexta semana. La recuperación completa, con vuelta al salto y al deporte de competición, se sitúa entre los 3 y los 6 meses; en casos crónicos de años de evolución puede llegar a 9.

El motivo más frecuente de recaída no es la lesión: es abandonar el trabajo de fuerza en cuanto desaparece el dolor. El tendón sigue necesitando ese estímulo cuando ya no duele.

Cuándo se plantea algo más

Si tras 3-6 meses de tratamiento de carga bien ejecutado el dolor sigue limitando, hay opciones intermedias antes del quirófano: infiltraciones de plasma rico en plaquetas en el tendón —siempre acompañadas del programa de fuerza, nunca en sustitución— y ondas de choque.

La cirugía es excepcional en esta lesión y se reserva para casos crónicos de más de un año con fracaso del tratamiento conservador completo. Consiste en desbridar la zona degenerada del tendón, y su recuperación es larga: entre 6 y 12 meses. Si a alguien le proponen operar una tendinitis rotuliana de pocos meses de evolución, merece la pena pedir una segunda opinión.

Cuándo consultar con un traumatólogo

Si el dolor debajo de la rótula lleva más de un mes, si ya te condiciona el entrenamiento o la vida diaria, si has probado reposo y antiinflamatorios sin resultado —lo esperable, por lo que hemos visto— o si notas pérdida de fuerza al saltar. También si has tenido un dolor brusco e intenso con imposibilidad de estirar la rodilla, porque una rotura del tendón rotuliano es una urgencia quirúrgica y no tiene nada que ver con esto.

Puedes ver el resto de patologías que tratamos en la unidad de rodilla.

Preguntas frecuentes sobre la artrosis de cadera

En el polo inferior de la rótula, justo donde el tendón se inserta en el hueso, y a veces algo más abajo. Es un dolor muy localizado: el paciente lo señala con un dedo. Si el dolor es difuso, alrededor o detrás de la rótula y cuesta localizarlo, es más probable que se trate de una condromalacia rotuliana y no del tendón.

Con un programa de fuerza bien pautado, la mejoría del dolor empieza entre la tercera y la sexta semana. La recuperación completa, con vuelta al salto y a la competición, se sitúa entre los 3 y los 6 meses, y puede llegar a 9 en casos crónicos de años de evolución. La recaída más habitual no es por la lesión, sino por dejar el trabajo de fuerza en cuanto desaparece el dolor.

No, salvo unos pocos días en un brote agudo. No es una inflamación sino una degeneración del tendón por sobrecarga, y el tendón necesita carga controlada para reorganizar sus fibras. El reposo prolongado quita el dolor mientras dura y devuelve al paciente a la actividad con un tendón más débil que antes, así que el dolor reaparece.

Mientras el dolor limite: saltos y pliometría, correr cuesta abajo, frenadas bruscas, sentadilla profunda con carga alta, zancadas profundas y estiramientos agresivos del cuádriceps en tensión máxima. Ninguno se retira para siempre; todos se reintroducen con progresión cuando la fuerza está recuperada. Sí conviene hacer isométricos, sentadilla en declive, fuerza lenta con carga alta y trabajo de tobillo.

Reduce el dolor en bastantes pacientes mientras la llevan puesta y resulta útil para poder entrenar o competir, pero no es un tratamiento: no reorganiza el tendón. Usarla como única medida, sin el programa de fuerza, es una de las formas más habituales de cronificar la lesión.

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    Contenido revisado por el Dr. Jorge Martínez Martín, traumatólogo colegiado nº 18/2866007 (Colegio de Médicos de Granada).

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