Trocanteritis: qué es, síntomas y tratamiento

La trocanteritis es una de las causas más frecuentes de dolor en la cara lateral de la cadera y, probablemente, una de las peor diagnosticadas. Muchos pacientes llegan a consulta después de meses de molestias convencidos de tener artrosis, cuando el origen del dolor está en los tejidos que rodean el trocánter mayor y no dentro de la articulación.

Es una lesión de buen pronóstico: la gran mayoría de los casos se resuelven sin cirugía. Pero requiere paciencia y, sobre todo, entender qué cargas hay que modificar.

Qué es la trocanteritis y por qué el nombre confunde

El trocánter mayor es el relieve óseo que se palpa en la cara externa de la cadera. Sobre él se insertan los tendones de los músculos glúteos y se sitúan varias bolsas sinoviales (bursas) que reducen el roce.

Durante años se asumió que el dolor en esa zona venía de la inflamación de esas bolsas, de ahí el nombre de bursitis trocantérea o trocanteritis. Hoy sabemos que en la mayoría de los casos el problema principal no es la bursa, sino una tendinopatía de los glúteos medio y menor: el tendón se degenera por sobrecarga repetida. Por eso en la literatura actual se prefiere hablar de síndrome de dolor trocantéreo lateral.

La distinción no es un detalle académico: cambia el tratamiento. Una bursitis inflamatoria responde a antiinflamatorios; una tendinopatía necesita carga progresiva y fortalecimiento, y puede empeorar con reposo prolongado.

Síntomas de la trocanteritis

  • Dolor en la cara lateral de la cadera, a veces irradiado hacia la cara externa del muslo, que rara vez baja de la rodilla.
  • Dolor al tumbarse sobre el lado afectado, que interrumpe el sueño. Es el síntoma más característico y el que suele traer al paciente a consulta.
  • Molestias al subir escaleras, al levantarse de una silla baja o tras permanecer mucho tiempo de pie.
  • Dolor al cruzar las piernas o al estar sentado con las rodillas juntas y los pies separados.
  • Sensación de debilidad al apoyar todo el peso sobre esa pierna.
  • Dolor a la palpación directa sobre el relieve del trocánter.

No es propio de la trocanteritis el dolor en la ingle ni la rigidez matutina prolongada: cuando aparecen esos síntomas hay que descartar patología dentro de la articulación, como la artrosis de cadera.

Por qué aparece: causas y factores de riesgo

  • Sobrecarga mecánica: aumentos bruscos de actividad, caminar o correr más de lo habitual, terrenos inclinados o con desnivel lateral.
  • Debilidad de la musculatura glútea, que obliga al tendón a soportar tensiones para las que no está preparado. Es el factor más frecuente y el más modificable.
  • Factores biomecánicos: diferencias de longitud entre las piernas, anchura pélvica, alteraciones en la pisada o en la marcha.
  • Sexo y edad: es claramente más frecuente en mujeres entre los 40 y los 60 años, en relación con la geometría de la pelvis.
  • Sobrepeso y sedentarismo, que combinan más carga con menos capacidad de tolerarla.
  • Patología lumbar o de rodilla que altera el patrón de la marcha.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico es fundamentalmente clínico. La exploración reproduce el dolor a la palpación del trocánter y con maniobras concretas, como mantenerse de pie sobre una sola pierna durante treinta segundos.

La ecografía es la prueba más útil para valorar el estado del tendón y la presencia de líquido en la bursa, y permite además guiar una infiltración si se indica. La resonancia magnética se reserva para casos dudosos, para descartar otras causas o cuando se plantea cirugía. La radiografía simple no muestra la lesión, pero sirve para valorar la articulación y descartar artrosis o calcificaciones.

¿Le encaja este cuadro? Una valoración presencial permite confirmar el diagnóstico, descartar que el dolor venga de la articulación o de la zona lumbar y ajustar la carga a su caso.

¿Se cura la trocanteritis?

Sí, en la mayoría de los casos. Entre el 70 y el 90 % de los pacientes mejoran con tratamiento conservador bien planteado, sin necesidad de cirugía.

Lo que conviene saber es que no es rápido. Un tendón degenerado tarda semanas en adaptarse a la carga, y los plazos realistas se cuentan en meses, no en días. Las recaídas son frecuentes cuando se abandona el trabajo de fortalecimiento en cuanto desaparece el dolor, porque el dolor se va antes de que el tendón haya recuperado su capacidad.

Tratamiento de la trocanteritis, por fases

Primera fase: modificar la carga y fortalecer. Es la base del tratamiento y donde se resuelve la mayoría de los casos. Consiste en identificar y reducir los gestos que provocan el dolor, no en dejar de moverse, y en iniciar un programa progresivo de fortalecimiento glúteo, empezando por ejercicios isométricos y avanzando hacia trabajo excéntrico. La fisioterapia dirigida es determinante en esta fase.

Segunda fase: tratamiento intervencionista. Si tras varios meses el dolor persiste, se valoran las infiltraciones guiadas por ecografía. Los corticoides alivian de forma rápida pero su efecto tiende a ser transitorio y su uso repetido puede deteriorar el tendón, por lo que conviene reservarlos. Las terapias biológicas, y en concreto el plasma rico en plaquetas, son una alternativa orientada a estimular la reparación del tendón en lugar de solo apagar la inflamación.

Tercera fase: cirugía. Excepcional. Se plantea únicamente en casos rebeldes tras agotar el tratamiento conservador, y consiste en la extirpación de la bursa y la reparación del tendón cuando está roto. Es una situación poco habitual.

Ejercicios recomendados

El objetivo es aumentar la tolerancia del tendón a la carga, de forma gradual y sin provocar dolor. Un esquema habitual progresa así:

  • Isométricos de abductores: empujar con la pierna contra una pared o una banda sin que haya movimiento, manteniendo la contracción varios segundos.
  • Puente de glúteos, primero con las dos piernas y después con apoyo unipodal.
  • Abducción de cadera tumbado de lado, con recorrido corto y controlado, evitando llevar la pierna por delante del cuerpo.
  • Sentadilla parcial y trabajo de subida a escalón bajo, para integrar la fuerza en gestos funcionales.
  • Marcha con banda elástica en fases avanzadas.

La pauta concreta —series, repeticiones y progresión— debe individualizarse. Una tabla genérica sacada de internet puede empeorar el cuadro si la carga no corresponde al momento de la lesión.

Ejercicios y posturas a evitar

Tan importante como qué hacer es qué dejar de hacer. Lo que más suele perpetuar el dolor:

  • Dormir sobre el lado afectado. Si no hay alternativa, colocar una almohada entre las rodillas al dormir de lado sobre el lado sano.
  • Cruzar las piernas al estar sentado y, en general, cualquier postura que lleve la pierna por delante de la línea media: comprime el tendón contra el hueso.
  • Estiramientos agresivos de la banda iliotibial, del tipo llevar la pierna cruzada por delante para «estirar el costado». Son de los gestos más lesivos y de los más recomendados por error.
  • Estar de pie apoyando el peso sobre una sola cadera.
  • Caminar por terrenos con desnivel lateral, arcén inclinado o pistas peraltadas.
  • Subir cuestas o escaleras de forma prolongada en fase aguda.
  • Máquina de abductores en el gimnasio con cargas altas y recorridos amplios.

¿Es bueno caminar con trocanteritis?

Sí, y de hecho el reposo absoluto es contraproducente. Caminar en llano, a ritmo cómodo y con calzado adecuado mantiene la función y ayuda a la recuperación.

La regla práctica es sencilla: la actividad es adecuada si el dolor no aumenta durante la marcha y no empeora en las 24 horas siguientes. Si al día siguiente hay más dolor, la dosis fue excesiva y conviene reducir distancia o pendiente, no abandonar la caminata.

Trocanteritis y dolor lumbar: por qué se confunden

Es una asociación muy frecuente y funciona en los dos sentidos. Una alteración lumbar cambia el patrón de la marcha y sobrecarga los glúteos; y a la inversa, el dolor lateral de cadera modifica la forma de caminar y acaba generando molestias lumbares.

Además, una hernia discal a nivel L4-L5 puede irradiar dolor hacia la cara lateral del muslo y simular una trocanteritis. Diferenciarlas es clave, porque el tratamiento es distinto: en el dolor de origen lumbar la palpación del trocánter no reproduce el dolor y suelen aparecer síntomas neurológicos como hormigueo o pérdida de fuerza.

Trocanteritis y causas emocionales: qué dice la evidencia

Es una búsqueda habitual y merece una respuesta honesta: no existe evidencia de que la trocanteritis tenga un origen emocional. Es una lesión de sobrecarga mecánica del tendón, con factores de riesgo identificables y medibles.

Lo que sí está documentado es que el estrés sostenido y la falta de sueño aumentan la percepción del dolor y reducen la capacidad de recuperación de los tejidos. En ese sentido, un paciente con mala calidad de sueño —algo muy frecuente aquí, precisamente porque el dolor impide dormir de lado— puede percibir más dolor y tardar más en mejorar. Pero eso es un factor que modula el dolor, no la causa de la lesión. Atribuir el cuadro a una causa emocional retrasa el tratamiento que sí funciona.

Cuándo consultar a un traumatólogo

  • Dolor lateral de cadera que dura más de cuatro a seis semanas pese a haber reducido la actividad.
  • Dolor que impide dormir de forma habitual.
  • Cojera o pérdida de fuerza al apoyar la pierna.
  • Falta de mejoría tras un tratamiento de fisioterapia bien realizado.
  • Dolor tras una caída o un traumatismo directo sobre la cadera.
  • Aparición de hormigueo, adormecimiento o dolor que baja por debajo de la rodilla.

La valoración inicial busca confirmar el diagnóstico, descartar patología intraarticular o lumbar y establecer un plan de carga adaptado. Puede consultar el resto de patologías que tratamos en la página de traumatólogo especialista en cadera en Granada.

Esta información tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. El diagnóstico y el tratamiento deben individualizarse en consulta.

Preguntas frecuentes sobre la trocanteritis

La mejoría suele notarse a las cuatro o seis semanas de iniciar un programa de carga progresiva, pero la recuperación completa del tendón se cuenta en meses. Abandonar el fortalecimiento en cuanto desaparece el dolor es la causa más frecuente de recaída.

En general sí, adaptando la actividad. Se toleran mejor la bicicleta con el sillín bien ajustado, la natación evitando el estilo crol con patada amplia y el trabajo de fuerza controlado. Conviene reducir temporalmente la carrera, las cuestas y los terrenos con desnivel lateral.

Es lo habitual. La trocanteritis suele ser unilateral porque responde a un patrón de carga asimétrico: apoyar el peso preferentemente sobre un lado, una diferencia de longitud entre las piernas o dormir siempre sobre el mismo costado. Puede aparecer en ambas caderas, pero rara vez a la vez.

Alivian el dolor con rapidez y pueden ser útiles para romper un cuadro muy incapacitante, pero su efecto tiende a ser transitorio y repetirlas puede deteriorar el tendón. No sustituyen al trabajo de fortalecimiento, que es lo que resuelve el problema de fondo.

Evitando apoyarse sobre el lado afectado. Si duerme de lado, hágalo sobre el lado sano y coloque una almohada entre las rodillas para que la pierna de arriba no cruce la línea media. Boca arriba con una almohada baja bajo las rodillas también suele resultar cómodo.

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    Contenido revisado por el Dr. Jorge Martínez Martín, traumatólogo colegiado nº 18/2866007 (Colegio de Médicos de Granada).